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Descripción
Un higroma quístico es una lesión linfática que normalmente afecta la cabeza y el cuello; y se debe a la obstrucción de una vía de drenaje linfático. La mayoría de los higromas quísticos son evidentes al nacer; y del 80% al 90% de los casos se diagnostican antes de que el niño cumpla los 2 años de edad.
Signos y síntomas
Los higromas quísticos se ven como masas blandas, comprimibles, sin dolor a la palpación y translúcidas en el recién nacido. El niño también puede tener complicaciones relacionadas, como dificultad respiratoria, disfagia y fiebre.
Diagnóstico
Durante el embarazo, a menudo se puede detectar un higroma quístico en la zona del cuello mediante una ecografía en el primer trimestre. Un diagnóstico prenatal se asocia con otras anomalías en por lo menos un 50% de los casos.
Incluyen:
Después del nacimiento, una evaluación física revelará un higroma quístico. A menudo, el diagnóstico se confirma con una ecografía, que también puede ayudar a delinear su extensión por debajo de la piel.
Tratamiento
La dificultad respiratoria y las infecciones recurrentes requieren tratamiento. El quiste se puede aspirar como medida temporal, para reducir su tamaño y la presión que ejerce sobre las vías respiratorias y los conductos de alimentación.
El tratamiento sugerido es la extirpación quirúrgica. La cirugía se realiza para extirpar el tejido anómalo, pero en el 20% de los casos puede volver a aparecer. El resultado también depende de dónde se encuentren estas lesiones. Más allá del daño estético, la afección puede afectar las vías respiratorias, los nervios y los vasos sanguíneos.